viernes, 28 de febrero de 2014

A PROPÓSITO DE “LA POLÍTICA COMO ACTIVIDAD INTELIGENTE” de Daniel Inneraity

La política, en el pensamiento y en la acción necesita un cambio cultural, que supone, sobre todo, un modo de mirar el mundo, un modo de entenderlo, un método, para interpretarlo y contribuir a cambiarlo.
Venimos de muy lejos, la izquierda, los socialistas venimos y formamos parte de una tradición política que siempre ha estado por el progreso, por el progreso en la igualdad y la libertad, hemos tenido instrumentos teóricos, sujetos históricos- capital social receptivo e implicado-, adversarios localizados y concretos.

Hemos estado unidos, en el ancho campo de la izquierda, trabajando contra tres grandes desafíos: la impotencia, la pobreza y la ignorancia. En torno a esos tres retos ha girado nuestra acción política, a ellos responde la configuración histórica del Estado nacional, el Estado del bienestar y las sociedades del conocimiento, como dice Daniel Innerarity –a quien seguimos en este razonamiento-, “en las sociedades del conocimiento, la información y el conocimiento son los grandes asuntos del poder”. En una sociedad compleja, plural, con profundos procesos de individualización negativa, de fragmentación, los socialistas debemos elegir entre la “autoridad ignorante o la deliberación inteligente”.

Dice este mismo autor. “Buena parte del malestar que genera la política se debe precisamente a la impresión (la impresión) que ofrece de ser una actividad poco inteligente, de corto alcance, mera táctica oportunista, repetitiva hasta el aburrimiento, rígida en sus esquemas convencionales y que sólo se corrige por cálculo de conveniencia.” Tiene razón, convivimos con nuestra inercia, con nuestras patologías, pensando que no tienen cura, como gravadas a sangre y fuego, inamovibles, mientras la sociedad se dinamiza en todos los ámbitos, científicos, culturales, económicos y tecnológicos, ¿qué innovaciones aportamos a la sociedad?, hace demasiado tiempo que el ingenio no procede de esta tarea que, sin embargo, nos apasiona, que nos atraviesa y que, en el fondo, sabe de su importancia, del papel que debe jugar para hacer a sus gentes más libres y más cultas.

Creo que deberíamos convencernos de que los saberes, las ideas, la argumentación y el conocimiento deben formar parte de nuestra cultura política. Permítanme resaltar, siguiendo al autor citado, brevemente, las notas o propiedades que deben informar la (nuestra) acción política: la reflexibidad, la flexibilidad, la deliberación, la innovación, la autolimitación y la cooperación:

REFLEXIBIDAD

Muchos problemas que debemos afrontar tienen difícil solución, no encontrar la respuesta más adecuada no obedece, necesariamente a una mala voluntad de nuestro adversario político o a su incompetencia, eso la ciudadanía es capaz de entenderlo.

"Como dice Olson, nuestro gran desafío consiste en conseguir una “democracia reflexiva” que institucionalice la reflexividad en los ciudadanos, los partidos, las instituciones y el sistema político en general. Únicamente así podríamos abrir nuestras prácticas políticas al largo plazo, la compatibilidad y la construcción pluralista del mundo común.” “Por eso uno de los mayores desafíos actuales consiste en introducir procedimientos de reflexión en una vida política que suele estar dominada por lo inmediato: por la tiranía del presente, la inercia administrativa o la desatención hacia lo común.”

La DEMOCRACIA REFLEXIVA amplia nuestro horizonte de pensamiento, nos permite mirar las cosas con perspectiva, desprendiéndonos de adherencias que distorsionan la construcción de los proyectos emancipatorios.

FLEXIBILIDAD

En el sentido de que las correcciones inteligentes, sobre nuestras convicciones, nuestro modo de pensar y de actuar, nuestras prioridades deben ir más allá de una mera adaptación dirigida a la simple supervivencia. Nuestro comportamiento político, nuestra cultura política se modifica porque la consideramos más justa y equilibrada. Sólo tendrá sentido un cambio, no únicamente como reacción a un impulso exterior, sino por nuestra disposición flexible a cambiar “convicciones, preferencias o conocimientos.”

La DEMOCRACIA FLEXIBLE no significa debilidad de los principios, sino precisamente admitir la riqueza de los mismos. La apuesta por las “Primarias abiertas a la ciudadanía”, no puede ser una salida meramente oportunista, debe asentarse en la convicción de que la democracia y los partidos deben buscar su encuentro, madurez y calidad.

DELIBERACIÓN

Creemos en una democracia deliberativa, pues gira en torno a una idea que “subraya la centralidad de los procesos y las instituciones para formar una voluntad común frente a un modelo de democracia entendida como negociación de opiniones y preferencias ya establecido. La esfera pública es un espacio donde podemos convencer y ser convencidos, o madurar juntos nuevas opiniones.”

En el modelo republicano de esfera pública, que en su momento, Rodríguez Zapatero abrazó con convicción y que debería ser fuente de nuestro cuerpo de pensamiento, “(…) lo que está en primer plano no son los intereses de los sujetos ya dados de una vez por todas o visiones del mundo irremediablemente incompatibles, sino procesos comunicativos que contribuyen a formar y transformar las opiniones, los intereses e identidades de los ciudadanos.”

En la deliberación está “la justificación” de la democracia. Debemos crear instrumentos y procedimientos de DEMOCRACIA DELIBERATIVA, frente a la idea minimalista de una democracia como mero procedimiento para la agregación de intereses egoístas, la deliberación nos permite construir un nuevo espacio público, dándole a la democracia el valor de búsqueda de la razón justa, la razón común.

INNOVACIÓN

Si hay deliberación podemos aspirar a una acción y democracia creativa. Es verdad que la política, atrapada en la inmediatez, en la tiranía del presente, no parece un campo propicio para la innovación, es difícil tener perspectiva, tener proyección, nos manejamos con programas en lugar de proyectos. Si perdemos el imaginario político, nos queda “gesticulación sin perspectivas”, quizá, la satisfacción de pequeñas ambiciones personales.

La innovación procede siempre de que alguien se preguntó si lo hasta entonces dado por válido se ajustaba a las nuevas realidades. Una sociedad tan rica, tan compleja, tan rápida y constantemente evolutiva, innovadora, exige una transformación cualitativa de la democracia, de la política.

La DEMOCRACIA CREATIVA nos ofrece la dimensión histórica de la misma, su riqueza está en ser una obra humana inacabada, cada día la democracia está expuesta a muchas contingencias, cada día la democracia requiere de acciones humanas que innovan y la recrean.

AUTOLIMITACIÓN

La presunción de que siempre tenemos razón es, quizá la mayor fuente de nuestras torpezas, cuando todas las opiniones tienden a constituirse en absolutos y prescindir de otras, aparece la unilateralidad deformante.

Ante ese proceder debemos ser capaces de ponernos límites, corregir nuestra propia deformación, perfilar estrategias que promueva esa autolimitación en beneficio de todos y todas.

Si somos capaces de actuar de este modo, crearemos condiciones para trabajar de un modo cooperativo, coordinado, de un modo, en definitiva, más adecuado a la complejidad social, que requiere de confianza, autolimitación, empatía y perspectiva.

La DEMOCRACIA AUTOLIMITADA apela a los límites que alberga la propia idea de democracia, no es una llamada a un relativismo paralizante, si a reconocer que podemos cometer excesos, que podemos utilizar arbitrariamente el poder, que nuestras decisiones pueden producir efectos perversos y destructivos.

COOPERACIÓN

Termino, dice el autor citado: “es una señal de inteligencia política atreverse a jugar el juego del poder compartido y recíprocamente limitado de la cooperación.”

Deberíamos ser conscientes de que “(…) se gobierna menos y peor en función de la sola lógica del poder(…)”, debemos buscar fórmulas de gobierno que superen “la unilateralidad, la jerarquía y la homogeneidad”, si queremos, sinceramente, sintonizar, formar parte de modo eficaz de quienes contribuyen a cambiar e influir en los destinos de la ciudadanía, debemos hacer política desde la multilateralidad, la cooperación sin jerarquía y la pluralidad, eso es lo que requiere un mundo complejo, una sociedad compleja, lo demás es un reduccionismo paralizante y conservador, la cooperación es el mejor procedimiento para maximizar el propio interés.

La DEMOCRACIA COOPERATIVA nos permite buscar las fuerzas con las que realizar nuestros propios proyectos, la cooperación debe partir del reconocimiento de que el poder está compartido entre muchos actores y territorios. Las fórmulas de poder jerárquico a partir de unas competencias, un territorio y una población, ya no sirven. Tampoco las separaciones entre lo público y lo privado.

En definitiva, termino con Innerarity, “(…) frente al discurso dominante que habla de que el agotamiento de las ideologías erige el interés como único protagonista de la vida política, tal vez sea precisamente lo contrario: sin ideologías cerradas se abre el espacio para las ideas, es decir, para la política como actividad inteligente.”


Por Francisco Sanz 
Abogado y militante socialista.
Miembro de Foro Ético y de la asociación cívica valenciana Red Pública.


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miércoles, 26 de febrero de 2014

Estado de la Nación y estado de la calle

Es llamativo que mientras la nación o el país se desangra, el interés por el Estado de la Nación en el Parlamento tenga sus horas mas bajas, es decir a casi nadie le interesa. Esto es una muestra del abismo que se ha abierto entre los partidos y el Parlamento por un lado y la calle por otro; y esto debería ser un profundo motivo de preocupación para los primeros aunque parece no interesarle a casi nadie.

El que casi la mitad de la población se sitúe en posiciones cuasi-abstencionistas, síntoma de las dificultades profundas del sistema, parece ser un tema menor; el tema central es como se reparte la tarta de representación que queda viva, todas las conjeturas se situan en si el PP perdiendo 14 puntos sigue disputando la primera posición electoral al PSOE que gana dos puntos respecto a su suelo catastrófico de las elecciones generales del 20-N, y espera una pírrica victoria en las europeas para poder cantar triunfo y tener algún argumento para apostar por la continuidad sin cambios reales. Mientras los nacionalistas catalanes salen hacia un viaje con complicado retorno, los vascos gestionan en su territorio el nuevo escenario sin ETA y las fuerzas emergentes (IU y UPyD) intentan aprovechar con razón la lenta caída del bipartidismo.

Mientras esto sucede la realidad del país es demoledora: 124.000 personas han abandonado el país, 400.000 empleados públicos han sido expulsados de las administraciones, el paro afecta al 26 % de la población activa, y el empleo que se crea temporal, de baja calidad y con la sartén en manos de la patronal para despedir con total alegría, los salarios reales han disminuido el 7%, casi 700.000 hogares no tienen ningún ingreso, el gasto público en educación (2008-2013) ha disminuido en 3.372 millones, 21.800 profesores menos para 191.000 alumnos mas; en sanidad se han recortado el 11% de gasto menos entre Gobierno y CCAA mientras se paga mas por medicamentos, los inmigrantes irregulares han perdido la asistencia sanitaria, el I+D+i ha retrocedido 10 años dejando al CSIC en los huesos en personal y en proyectos de investigación; la cultura sufre el recorte generalizado mientras el IVA cultural cierra puertas a salas y a creadores.

La tran traida “devaluación del país” es el gran logro de este Gobierno del que saca pecho con alegría insultante. Un país más pobre y mas desigual ese es el legado del Gobierno Rajoy.

Y a ello le acompaña la vuelta legislativa a las mas rancias esencias de la reacción eclesiástica y de derechas: La Ley Gallardon contra los derechos de la mujer, la ley de seguridad ciudadana primando el negocio y la porra frente a los derechos constitucionales, la destrucción de la cooperación internacional, la liquidación de la jurisdicción sobre la justicia universal, la persecución a las movilizaciones ciudadanas, la impunidad para atacar a los inmigrantes, la desarticulación de los municipios y la autonomía local,……y un importante etcétera legislativo que conduce a un sistema mas autoritario, limitador de las libertades y enfrentado a las aspiraciones de las personas. El palo para proteger el trasvase de rentas de los más pobres a los más ricos.

Y frente a ello la “oposición útil” del PSOE inscrita en el cambiar pero poco y oponerse pero “con sentido de Estado”, todo el discurso opositor muere cuando en los temas centrales se pliega a la mayoría conservadora. El pasado día 19 contemplamos en el Parlamento dos hechos que por si sólo ejemplifican el tipo de oposición: la negativa a pedir la dimisión de Jorge Fernandez por la actuación policial contra los inmigrantes y el apoyo a la demagógica moción de Rosa Diez sobre la consulta en Cataluña. En el mismo sentido un tema donde las banderas socialistas pueden defenderse con orgullo como es el derecho de las mujeres a decidir, se centra la crítica al PP en las malformaciones (que tarde o temprano las incluirán) en lugar de defender la propia Ley de Plazos. Se discute sobre lo evidente y los efectos causados por la política del PP pero no se entra al fondo y a la preparación de una política alternativa pues eso supone cuestionar elementos centrales de la política del anterior periodo y posiblemente del camino hacia la Gran Coalición a la española: Reforma constitucional Express, redistribución de renta a favor de los ricos, política fiscal no distributiva, supeditación de fondo a la política de Merkel/Junker/Draghi, protección de los especuladores en las cajas, falta de impulso para la lucha contra la corrupción, el olvido de la reforma política,…

El bipartidismo se agrieta pero no se cae y ya se preparan para restañar las grietas mediante un nuevo lavado de cara del régimen.

Mientras, los ciudadanos se defienden mediante una importante tenacidad en las lucha, la movilización de millones de personas contra el “austericidio”, ha generado una nueva situación política, un enorme deterioro del Gobierno y un freno a algunas de las políticas mas agresivas como es el caso de la sanidad madrileña.

La respuesta a esta nueva situación ha venido dándose de forma espontánea por parte de la población, perdiendo las organizaciones tradicionales de masas, su papel vertebrador central tanto en la respuesta social como en la política. La onda larga expansiva post- 15-M; las mareas como forma de organización y lucha sectorial de masas, las Plataformas sectoriales y temáticas. (PAH, Preferentes..) Todo ello ha sido la vértebra de una ingente movilización social de resistencia, que ha utilizado los cauces tradicionales: sindicatos, partidos, asociaciones de una forma colateral y no pocas veces contradictoria, estableciéndose mecanismos participativos y de gran alcance social y de simpatía ciudadana como muestran todas las encuestas. Este movimiento se ha caracterizado por unas altas dosis de pragmatismo e inteligencia colectiva donde la ideologización ha sido subsidaria de los objetivos de la lucha.

Es muy importante señalar que a pesar de la dureza del ataque de los Gobiernos del PP, los movimientos ya han logrado unas primeras victorias cuya importancia no puede ser minorada: huelga de la limpieza en Madrid, sanidad madrileña, Gamonal y ahora la Coca Cola empieza a hacer cambiar los planes a la empresa. Todo ello insufla un nuevo ánimo a la movilización social y ciudadana que ve que PUEDE.

Asistimos al inicio de un periodo donde la inestabilidad política va a ser una característica, la oposición social u la población busca los mecanismos con los que levantarse esta tremenda losa de las mayorias absolutas del PP y recurre a lo viejo y busca lo nuevo, presiona para que los partidos de izquierda se abran (primarias abiertas en serio) a pesar de la resistencia numantina de las direcciones, genera nuevas iniciativas (Podemos, Alternativa desde Abajo), configura alianzas electorales (IU-ANOVA; EQUO/Compromis) y busca porque la gente es cada vez mas consciente que por mucho que luche sin cambiar la relación politica de fuerzas todo puede ser efimero y resultará difícil recuperar los derechos arrebatados. 

Tenemos que partir de que esta interrogante sobre la alternativa política va a pervivir durante un importante periodo de tiempo. El reto de todas las personas hartas de lo que estamos viviendo es la generación de esta alternativa cambiando lo existente, creando nuevas opciones y generando nuevas complicidades. Cada uno desde su lugar debe abocarse a esta apasionante tarea.

 Enrique del Olmo
Sociólogo
Candidato a las primarias al Ayto de Madrid
Miembro de Foro Ético



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martes, 25 de febrero de 2014

NECESITAMOS REFUNDAR EL ESTADO

La crisis que el dogmatismo neoliberal desencadenó en 2007, mostró en nuestro país la fragilidad de los pilares sobre los que se construyó la España del 78. La convulsión resultó ser tan violenta, que se resquebrajaron, dejando el edificio prácticamente en estado de ruina.

Sirvió para que llamaran “austeridad” a lo que fueron drásticos e injustos recortes del gasto social, destrozando de un plumazo aquella “economía social de mercado” que tantas ilusiones despertó hace 35 años. La avaricia y las ansias de acumular capital y poder de especuladores escasos de principios, han dejado al borde del precipicio nuestro incipiente estado social. La economía sí ha sido de mercado, pero de un mercado tan desregulado, que la parte del producto nacional que debería financiar la prestación de servicios consagrados como derechos constitucionales de la ciudadanía, se ha volatilizado entre fastos y campañas electorales, y por las negras alcantarillas de la corrupción política. Y aquí no pasa nada.
Que el sistema financiero- mejor, sus “temerarios” ejecutivos- haya hecho un agujero de 200.000 millones de euros en las cuentas del estado con cargo a los contribuyentes presentes y futuros, ha sido –nos dicen- consecuencia de haber vivido “por encima de nuestras posibilidades”, culpabilizando así a una sociedad entera, aquellos que en un mes, han ganado más –según el salario medio- que 70 trabajadores en todo un año. Y eso no puede calificarse más que como una enorme desvergüenza. Y aquí no pasa nada.
Y qué decir de la Justicia, que cuando algún magistrado quiere indagar “más de la cuenta” sobre aquellos temas escabrosos que pondrían en solfa grandilocuentes proclamas de honradez, transparencia y equidad, se le “fabrica” una prevaricación como torticero recurso para impedir que su laboriosidad y su compromiso público, puedan hacer que la justicia resplandezca. Y aquí no pasa nada.
O el propio Parlamento, que con el recurso al “y tú más”, cada día está más alejado del sentir ciudadano, con discursos que no van realmente a la raíz de los problemas, confundiendo la elocuencia más o menos “llamativa”, con la verdadera radicalidad que llene de realismo y de propuestas posibles la acción de la Política, lo que permitiría que ciudadanas y ciudadanos recuperasen la confianza perdida en una institución básica como lo es el Parlamento. Pero no, diputadas y diputados continúan, unos con la “herencia recibida” y otros, “ustedes lo hacen peor”. Y todo continúa igual.

En este contexto, no es de extrañar que los partidos políticos, en los que fundamentalmente recayó hace 35 años una gran parte de la responsabilidad de construir un estado democrático, hoy hayan perdido, no solo credibilidad, sino la confianza de muchas generaciones jóvenes para que sean ellos, quienes tracen las líneas sobre las que debe discurrir un nuevo proyecto de país. Y sin nueva ley que defina competencias, funciones y financiación de los partidos políticos, más otra, la electoral, que garantice un Parlamento mucho más representativo de las sensibilidades políticas que configuran la sociedad actual, seguiremos en las mismas. 

Necesitamos un nuevo proyecto que permita superar la crisis de nuestro actual modelo territorial. La España plural requiere un mejor encaje de las naciones y regiones que la conforman. Por eso no solo basta formular en abstracto la Federalidad del estado, sino que hay que descender mucho más a lo concreto, teniendo muy presente el principio de solidaridad e igualdad entre los habitantes de los pueblos de España, lo que en absoluto es contradictorio con revisar con mayor realismo histórico, un mapa del país que, lejos de aquel famoso “café para todos”, sea reflejo de los complejos procesos que condujeron a la configuración de España como nación de naciones. Y naturalmente, debería ser profundo objeto de reflexión, solucionar el tema de la forma de la Jefatura del Estado. Es evidente que la actual, también se ha visto atropellada por acontecimientos que la han desprestigiado hasta límites poco soportables e incompatibles con una democracia decente.

Y así hemos llegado a donde hemos llegado: a una democracia demasiado imperfecta para ser catalogada como tal. Porque ¿cómo puede aspirar a ser creíble y representativo un parlamento nacional (y no pocos autonómicos) que soportan la pesada losa de tantas decenas de imputados? Si no se abordan con prontitud los problemas estructurales que padecemos, seguiremos ensanchando el abismo que hoy existe entre las Instituciones y la ciudadanía. Y así es imposible continuar. Esto está agotado.

Por eso, construir un nuevo proyecto de la España Plural requiere iniciar un proceso constituyente que consiga:

1. Articular un Estado Federal alejado de ese “café para todos”, que incluya una fiscalidad progresiva, justa y suficiente para la financiación de los bienes públicos. 

2. Asegurar un autentico blindaje del estado social y democrático de derecho

3. Un Parlamento con mayor proporcionalidad para que las minorías se sientan debidamente representadas (Nueva Ley electoral)

4. Una democracia abierta que promueva e institucionalice la imprescindible participación de la sociedad civil en la gestión de los asuntos públicos

5. Una profunda reforma de la Justicia que garantice su plena independencia de los poderes políticos y económicos, y en la que sus organismos funcionales y de gobierno respondan a verdaderos criterios democráticos

6. Garantizar el control democrático del sistema financiero y del que una parte sustancial sea de dominio público.

7. Suprimir las limitaciones constitucionales actuales para que los gobiernos elegidos democráticamente puedan aplicar los programas con los que hayan concurrido a las elecciones y refrendados por el Parlamento del estado.

Pero un proyecto constituyente avanzado y de cambio social, solo será viable si los agentes progresistas –partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, plataformas cívicas, sindicatos, movimientos, etc.- son capaces de concitar un apoyo social mayoritario. Sin duda para ello se requiere revisar a fondo el discurso, las propuestas, las alianzas, todo aquello que evite recurrir a viejas recetas, bastantes de ellas sobrepasadas por la historia. Requiere sobre todo, enfrentarse al neoliberalismo; de lo contrario no hay nada que hacer. Y si ello requiere “re-fundarse”, re-fúndense.
Y en ese espacio colectivo de pensamiento plural, es necesario compartir que la batalla contra las desigualdades requiere defender con firmeza que no pueden separarse el proceso de creación de riqueza del de su distribución social. 
Sería realmente saludable que cuajara un amplio proceso de convergencia entre todas las organizaciones, plataformas y movimientos progresistas en torno a un programa común sobre las cuestiones planteadas.

Manuel Moret Gómez
Militante socialista
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domingo, 23 de febrero de 2014

LAS PRIMERAS PRIMARIAS CIUDADANAS EN LA TIERRA QUEMADA.

Tierra quemada la valenciana, no debería hacerse abstracción de este hecho. Tierra de saqueo y de farsa, como bien explican Sergi Castillo y Justo Serna en dos magníficos ensayos que deberíamos leer a nuestros hijos.
Quizá esta perspectiva nos animara a ver las primarias ciudadanas emprendidas por el PSPV con algo más de interés, con algunas menos exigencias, con un poco de simpatía, quizá con una mirada algo más comprometida, más de ciudadanía activa, menos a la espera de que esos “políticos profesionales” a los que se mira con desprecio –muy justificado, en algunos casos-, nos resuelvan nuestros problemas. ¿Cómo van a resolver los problemas colectivos esos políticos inútiles y de principios volátiles?
No debería haber equívocos, quienes llevamos apostando por la democratización y la apertura de los partidos y hemos buscado mecanismos como el de las primarias abiertas a la ciudadanía, no somos tan ingenuos o estúpidos como para creer que todos los males se solucionan con éstas.
Es cierto que las tareas que nos imponemos cada uno de nosotros tienen mucho que ver con la realidad que vivimos; que, cada vez, queda menos disposición para afrontar batallas agotadoras, suficientemente sabidas, prolijamente desarrolladas en sesudos ensayos de política, antropología, sociología, psicología social…..
No creo que sea necesario insistir mucho con lo que va a significar reconstruir unas instituciones, una democracia, una idea de la política, de lo público, de lo colectivo, después de veinte años en la Generalitat, veinticinco en Valencia (y en otras importantes poblaciones) de una derecha neoconservadora, cuyas redes clientelares y desguace de lo público, todavía está por medir.
Deberíamos intentar entender que esa fuerza conservadora alcanzó un gran éxito porque forjó una gran batalla ideológica, por una parte porque su adversario político (“enemigo” como diría Carl Schdmit, y que bien utilizó la derecha con su “estrategia de la crispación”) ya no era el que era, pues muchas de las luchas obreras culminaron con éxitos que cambiaron vidas y mentalidades, por otra, porque los conflictos se diversificaron, se complicaron, se diluyeron….todo lo que era sólido y sus certezas, se convirtió en líquido y en incertidumbres: la política, el Estado, el Ayuntamiento, los principios, el sindicato, el partido, la pareja, el amor, la familia, la religión, la amistad, la clase….
Sobre ese paisaje se construyen nacionalismos, religiones, fundamentalismos, nuevas jerarquías y servidumbres, nuevos “opios del pueblo”, populismos de derechas y de izquierdas, clientelas y caciquismos, sectas, principios de quita y pon, sálvese quien pueda, constrúyase su propia vida….
¿Y qué tiene que ver esto con unas primarias ciudadanas?, quizá que son ciudadanas, quizá que nos comprometen.


Por Francisco Sanz 
Abogado y militante socialista. 
Miembro del Foro Ético y de la asociación cívica Red Pública


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sábado, 22 de febrero de 2014

Otras candidaturas, otra política, otra Europa.

Los partidos políticos españoles actúan, deciden y se financian a espaldas de la ciudadanía. Es fácil comprobar desde fuera que son organizaciones oligárquicas que a veces no respetan ni las formas democráticas y que su militancia de base apenas puede hacer nada frente a la voluntad de los dirigentes. Ni siquiera los parlamentarios, que se supone que tienen un mandato popular al que someterse, pueden decidir por sí mismos y se limitan a obedecer en silencio a sus jefes de filas. De lo contrario, nunca más irían en las listas electorales y es de sobra conocido que sus afiliados más críticos terminan casi siempre exterminados.

Eso es algo tan visible e indisimulado que la ciudadanía ha terminado por desconfiar y alejarse de todos los partidos. Y como el entramado institucional de la representatividad política se asienta en ellos, se produce una carencia básica en nuestra sociedad: las personas normales y corrientes no disponemos de cauces de participación no ya atractivos sino mínimamente efectivos. Máxime, cuando los partidos mayoritarios se han encargado de endurecer las normas que regulan la participación política al margen de ellos, por ejemplo, dificultando todo lo posible que se puedan presentar a las elecciones o que estén presentes en las instituciones candidaturas, colectivos, movimientos u organizaciones de otro tipo, nacidas de la base, directamente de la ciudadanía. De ahí la conmoción que produjo el 15M, contemplado por los poderes como una auténtica anomalía capaz de desestabilizar el sistema, así como la criminalización de este tipo de movimientos con que se están presentando por los medios gubernamentales.


El resultado de la falta de cauces para participar en la vida política, si no es a través del filtro de los partidos convencionales, es la desafección de la población hacia todo lo que tiene que ver con la vida pública. O que incluso la viva con asco cuando no puede hacer nada frente a la corrupción y el escándalo que suponen el incumplimiento de las promesas electorales, las imputaciones constantes a dirigentes y cargos de absolutamente todos los grandes partidos, o su connivencia en escándalos como los de las cajas de ahorros que han supuesto un auténtico y vergonzoso robo al patrimonio social. 


Pero a pesar de todo, no han dejado de darse respuestas para acabar con todo ello y la indignación y el rechazo no se han manifestado solo en negativo sino que aparecen nuevos lenguajes, formas originales de organización y participación y propuestas alternativas para fortalecer la democracia y hacer posible la participación real y efectiva de la gente corriente en la toma de decisiones. Expresiones de democracia directa y de contrapoder nacidos de la base social todavía elementales y embrionarias pero que incluso así están siendo capaces de generar impulsos suficientes como para frenar agresiones y cambiar el curso de los acontecimientos.


Una de las propuestas alternativas que se abre paso es la de organizar elecciones primarias abiertas para que la población pueda pre-elegir a sus representantes. Una propuesta que es lógico que trastorne a los grupos de poder dominantes en los partidos políticos tradicionales pues amenaza con imponer una lógica de representación popular muy diferente a la que en ellos viene dándose.


Descalificar esta demanda como si simplemente se trata de un tipo superficial de marketing político o, lo que es más absurdo y simplista, como una fuente de desideologización y de pérdida de perfiles políticos es la reacción in extremis de quienes solo ven la política como algo incompatible con lo inesperado, con lo innovador y distinto que efectivamente puede surgir cuando los seres humanos actuamos con libertad y autonomía.


Y es lógico que esta propuesta se esté planteando ante las cruciales elecciones europeas que se avecinan, cuando tanta gente desea que haya candidaturas de amplio espectro ciudadano capaces de atraer a una amplia mayoría social y no solo a las franjas de población que se identifican con perfiles ideológicos concretos, única forma de vencer y de acabar con el dominio antidemocrático de la derecha.



¿Hay algo más elemental que promover la máxima participación de la gente cuando lo que se quiere es ir hacia grandes mayorías sociales? ¿Y hay otra forma más eficaz de hacerlo que ofreciendo a la mayor cantidad posible de personas que puedan presentarse y presentar sus propias opciones y candidaturas sin necesidad de estar previamente avalados por los aparatos y sin necesidad de pasar por sus filtros oligárquicos, para que así puedan definir ellas mismas quiénes deban ser las personas que opten a ser sus representantes? ¿Hay otro modo mejor de lograr democráticamente que las candidaturas sean el reflejo más fiel de los deseos de los de abajo que luego han de votarlas? ¿Tiene sentido, por el contrario, que candidaturas que se reputan como abiertas, populares y de amplia proyección política estén encabezadas por personas elegidas solo por los aparatos? Si se sigue haciendo lo de siempre ¿no estaríamos moviéndonos en el mismo marco de la vieja forma de hacer política que es lo que la gente desea y sabe que hay que desterrar para que haya democracia real?

Las primarias abiertas pueden ser, y lo han sido allí donde se han celebrado, una forma muy positiva y eficaz de generar movilización y de fomentar el debate y la participación, de abrir los partidos a la sociedad y de hacer que ésta los condicione y los someta a la voluntad y al control popular, es decir, al poder de la gente.
Es verdad, sin embargo, que las primarias no pueden concebirse como un fin en sí mismo y que tendrían una utilidad política reducida si se limitan a ser la única forma de transformar la vida política.
Las primarias abiertas pueden ser una palanca para la movilización de cientos de miles de personas, que así podrían hacer suyas desde el principio a las candidaturas, que se auto organizarían para trasladarlas a todos los rincones de nuestro país generando un tsunami ciudadano de fiesta ante las urnas que podría llevar a ellas a los millones de personas que necesitamos para cambiar España y Europa. Algo que es imposible sin que de la sociedad surjan los y las más capaces, brillantes, generosos y honestos para trasladar su liderazgo natural en sus entornos sociales o profesionales al resto de la sociedad como candidatos y candidatas.
Por eso lo que hay detrás de la demanda de primarias es la necesidad de generar un nuevo tipo de política y de representación popular. No se trata solo de elegir previamente a quienes luego van a concurrir a las elecciones en el marco de las diferentes candidaturas. Se trata también y sobre todo de establecer una especie de nuevo contrato de representación basado en el control y en el sometimiento a quien elige, que contemple la rendición obligada de cuentas y la revocación, la máxima transparencia y la renuncia a privilegios para que nunca se secuestre o traicione la voluntad popular expresada en las urnas, ni por aparatos de partidos ni por lobbies económicos o mafiosos.
No entendemos, por tanto, que ante la proximidad de las elecciones europeas y en la coyuntura en la que estamos, con agresiones constantes, pérdida de derechos esenciales y quebranto inmoral a la calidad de vida de nuestra ciudadanía, se siga siendo tan reacio a llegar a acuerdos que se traduzcan en la mayor identificación posible de la gente normal y corriente con la vida política. La gente está harta de que se imponga el menú dedocráticamente obligado que luego ha de consumir en las elecciones. Entre otras cosas, porque ya ha comprobado lo que eso esconde después.
No entendemos a organizaciones que, manifestando en teoría que quieren más democracia y nuevas formas de hacer política, se opongan a la convocatoria pública de primarias abiertas que permitan el nacimiento de nuevas candidaturas con la participación de millones de ciudadanos para elegir así la mejor lista electoral en donde se encuentren las personas más identificadas con la gente.
Por eso reclamamos generosidad y responsabilidad y llamamos a presionar a las organizaciones políticas para que hagan un esfuerzo definitivo para salir de lo viejo y darle salida al mundo nuevo, no solo en la retórica o en el papel de sus programas electorales sino en la práctica y en los hechos concretos y cotidianos.
Hay que lograr que millones de personas salgan de la frustración, del abstencionismo y la impotencia para que el próximo 25 de mayo llevemos al Parlamento Europeo una mayoría social de progreso con mandato imperativo y revocatorio que muestre que la ciudadanía de uno de los países de la periferia de la UE más afectado rechaza radicalmente las estafas con las que se está dando respuesta a la crisis para beneficiar solo a quienes la han provocado. Y para que, a partir de ahí, se den nuevos pasos para echar al gobierno de Rajoy que está acabando con los derechos sociales y con la ya de por sí escasa democracia que tenemos.
Podemos conseguirlo si lo reclamamos con decisión y si los ciudadanos y ciudadanas de abajo nos organizamos y nos plantamos frente a lo viejo y frente a lo oligárquico y lo convencional. Digámoslo alto y claro: sin primarias no hay voto y sin el voto abierto y masivo la primarias son un engaño. Nuestro voto solo para quien gane auténticas primarias.

Juan Torres López, 

catedrático de Economía, y miembro de ATTAC. 
Ignacio Trillo Huertas, 


 Economista, funcionario, y miembro de FORO ÉTICO.

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viernes, 21 de febrero de 2014

Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma

"Yo no tenía una ideología, solamente creía en nuestra causa, la de la lucha contra el racismo y por los derechos humanos, y en que era justa. "



Hace apenas tres meses Gobierno y oposición en España honraban y lloraban en público la muerte del autor de esta frase y último gran referente moral del planeta, Nelson Mandela. Defensor de la dignidad de los negros, venerado hasta la extenuación en los momentos previos a su funeral, padre de un mensaje olvidado apenas unos días después por casi todos. Los negros que en los días del funeral veíamos con fraternidad, en medio del colocón colectivo provocado por lo emotivo y mediático del momento, hoy mueren, son acosados, son insultados en playas como la de Ceuta. Los políticos que nos representaron ante el cadáver en ese homenaje  hecho carne a los derechos humanos que era Mandela, debieron dejarse sus enseñanzas olvidadas en algún fastuoso hotel sudafricano. Quizá alguno ni escuchó aquellas ideas que él defendió y que se repitieron una y otra vez en su funeral, por aquello de estar más pendiente de rememorar el gol de Iniesta que de sacar algo útil del legado de aquel hombre. Cínicamente, esos políticos que nos representaron, y aquellos que tanto lloraron la muerte de Mandela, hasta podrían parafrasearle, a su manera. La ideología es lo de menos, lo importante es la causa, pero en este caso la propia, la del juego político, que parece estar por encima de todo, y por supuesto de los derechos humanos, más si son los de negros que se ahogan en Ceuta.

Que mueran más de una docena de personas en una de nuestras playas es horrendo. Que se les hostigue e insulte cuando tratan de salvar su vida es de salvajes. Que se falte a la verdad cuando se dan explicaciones públicas sobre lo ocurrido, una vergüenza inadmisible en un cargo público. Cuanto menos, el ministro a cuyo cargo están los autores de todo eso, el político que no destituye o reprueba a quienes cometen dichos actos, el responsable al que la Unión Europea pide –una más, de una ya larga lista- explicaciones por lo ocurrido y le recrimina excesos, tiene que dimitir sí o sí. Y la oposición, especialmente aquella que se jacta de ser la que en su ADN lleva escrita la defensa de los oprimidos, de los vulnerables, tiene que exigir sin ambigüedad alguna la dimisión de ese ministro. Entregue vídeos o no. No hacerlo es incomprensible e inadmisible. Tal es así que si sus ideologías dejan de importar en favor de una causa, la del juego político, nos acaban obligando a los ciudadanos a que nos olvidemos de nuestras ideologías para defender juntos nuestra causa, que es también la de Mandela.

Seguro que hay mil argumentos para abstenerse de pedir la dimisión de ese ministro. Ahora no se nos ocurre ninguno, pero seguro que sentados en una bancada del Congreso se nos revelan por obra y gracia de algún líder todopoderoso causas mucho más importantes que exigir a nuestros gobernantes catadura moral. Pero lo cierto es que por encima de las personas y de los derechos de las mismas no puede haber nada ni nadie. Y si sus señorías piensan que sí, no sólo habrán perdido la cordura sino también lo poco que les queda de la confianza depositada en ellos por los ciudadanos. Acaba William E. Henley su poema Invictus, que en la película del mismo nombre Mandela recoge como loa a la victoria,  con aquello de “soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma". Ilustrísimas señorías, guíen bien sus almas, que de su destino ya nos ocupamos nosotros.


Chema Cruz,
Miembro de Foro Ético, periodista, cooperante.
Este artículo de opinión refleja la postura de la asociación Foro Ético ante los hecho acaecidos en Ceuta, la actuación del Gobierno del Partido Popular en relación a los mismos y la abstención de ciertos partidos de la oposición a pedir la dimisión del Ministro de Interior de España.

martes, 18 de febrero de 2014

El futuro se juega en Europa.

Mayo de 2014 se antoja como un mes de reflexión, de acción y de cambios, no exento de críticas y desafección ciudadana ante la grave crisis financiera, política y social que atraviesa Europa. Del 22 al 25 de mayo los ciudadanos de los 28 Estados miembros de la Unión Europea (UE) podrán votar a los 751 miembros del Parlamento Europeo sobre la base de líneas ideológicas claras y, por primera vez, su voz tendrá una importante influencia para la designación del  Presidente/a de la Comisión Europea. En efecto, la maquinaria democratizadora comienza a mejorar en la UE, pero su desarrollo y funcionamiento depende principalmente de nosotros, los pueblos de la UE.

Hemos escuchado continuamente que estas elecciones europeas son diferentes, pero es necesario entender en donde radican estas novedades y como benefician directamente a la ciudadanía. Es cierto, estas elecciones presentan importantes cambios estructurales, pero el más significativo de los cambios tiene que venir de nosotros como sociedad. Casi cinco años de crisis, recortes y modelos conservadores neoliberales han fracturado nuestro pilar como sociedad, el modelo de Estado Bienestar y en muchas casos la esperanza de un mejor futuro. Los sacrificios también tienen un límite, incluso en las inclinaciones más heroicas, y ese límite ya lo hemos superado en nuestras naciones.

Lo que se decide en Europa nos afecta directamente en nuestra vida cotidiana, no es sólo una imagen en el telediario, es nuestra realidad, y si queremos un cambio debemos comenzar a construirlo, empezando por ejercer nuestro derecho al voto y hacer que nuestra voz se escuche. Europa Importa, y mucho. 

El Parlamento Europeo:

Cómo hemos mencionado, el Parlamento Europeo (PE) es el órgano institucional que representa a los ciudadanos, electo mediante sufragio universal directo. Este hecho le convierte en la estructura institucional de la UE que encarna el principio democrático y el pluralismo político.

El PE es una novedad en las relaciones entre Estados y una institución sui generis en el marco de las organizaciones internacionales por su poder de codecisión legislativa, su atribución competencial y sus poderes de control. Este hecho establece claramente la inspiración política y de unidad entre los pueblos de la UE desde su formulación en los años cincuenta, que se materializa a través de la participación ciudadana directa. Por propio carácter excepcional, el PE es la institución europea que más cambios ha experimentado a lo largo de su propio desarrollo, comenzando como “Asamblea” en los tratados fundacionales para adquirir la denominación de PE en 1962.

Desde 1979 la elección de los representantes al PE es mediante elecciones cada cinco años, anterior a esta fecha, los diputados eran asignados por sus Partidos Nacionales ejerciendo así un doble mandato. A pesar de que las elecciones al Parlamento Europeo se celebran de acuerdo a la normativa electoral vigente de cada Estado Miembro, pero con principios comunes siendo el más importante que la elección deber ser por sufragio universal, directo y secreto y el modo de escrutinio proporcional. En cuanto a otras particularidades del voto se establecen opciones como la circunscripción electoral, que puede ser nacional, como en el caso de España que ha optado por la LOREG, o regional como en Alemania. De igual manera, cada país establece su sistema de listas, así como la edad mínima para votar (de los 18 a los 25 años) o el umbral mínimo de representación. Desde la Reforma de Maastricht los ciudadanos europeos pueden votar en su lugar de residencia, si así lo decidieran.

El PE esta conformado por grupos ideológicos o afinidades políticas, siendo actualmente el EPP (Grupo del Partido Popular Europeo) el que cuenta con mayoría al tener 265 escaños. Nuestro Partido Socialista Europeo (PSE) forma parte del Grupo de la Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo (S&D) y cuenta con 184 escaños. Para la configuración de un grupo político es necesario contar con al menos 16 eurodiputados de al menos 5 Estados Miembros. La importancia de la existencia de estos grupos está, no sólo en su capacidad para la formación de Comisiones Parlamentarias y de la Mesa del PE, sino en la constitución de unidad europea, transcendiendo los intereses nacionales, y de trabajo común.  El calendario de actividades del PE comprende doce sesiones, que inician el segundo martes de marzo de cada año.

Es atribución del PE la elección, por mayoría absoluta, de su propio Presidente, cuyo mandato es de dos años y medio. La tradición y norma  establece una representación proporcional de los grupos políticos, así como de nacionalidades. El actual Presidente del PE, el alemán Martin Schulz, es el encargado de dirigir las actividades parlamentarias desde las votaciones hasta la observación del Reglamento, de igual manera, representa al PE al interior de la UE, así como en sus relaciones exteriores.
  
¿Qué cambia en estas elecciones?

Uno de los grandes beneficiarios de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa es, sin duda, el PE, otorgándole mayor poder legislativo, es decir, lo confirma como legislador en igualdad con el Consejo al incrementar el número de normas sujetas a codecisión. En términos prácticos, quiere decir que muchas leyes europeas, como las que tienen que ver con gobernanza económica, inmigración, energía, transporte, medio ambiente o protección del consumidor, son decididas conjuntamente entre el PE y el Consejo. Este procedimiento de codecisión, presente ya en los Tratados de Maastricht (1992) y Ámsterdam (1999), se potencia en el Tratado de Lisboa (2009) convirtiéndose en el principal procedimiento legislativo del sistema decisorio de la UE, rebautizado como procedimiento legislativo ordinario.

Hay que resaltar que el PE también se beneficiará de un incremento competencial significativo ligado a temas de gran trascendencia como el Presupuesto, las políticas agrícolas, el mercado común, la legislación que deberá aplicarse en los Estados y firma de Acuerdos Internacionales, entre otros. Los intereses de los ciudadanos de la UE se debaten en el pleno parlamentario europeo, y ello significa que somos nosotros como sociedad, los que decidimos que tendencia y línea ideológica que queremos para nuestra políticas nacionales. Actualmente el PE está conformado por una mayoría conservadora, con fuerte inclinación a las políticas neoliberales y favorable a la política de austeridad y recortes que han marcado sus 5 años de mandato. Preocupa también, de manera especial, el auge de partidos de extrema derecha, xenófobos y anti-europeístas que supondrían una ruptura a nuestro modelo social, de libertades y derechos, y una clara amenaza a la continuidad de nuestro proyecto europeo en si mismo.

El voto al Partido Europeo Socialista (PSE) significaría la oportunidad de construir una nueva Europa basada en la justicia social, la igualdad y el pleno respeto por las libertades y derechos de los ciudadanos. Retomar, de manera eficiente y responsable, el tan aplaudido modelo de Estado de Bienestar, que ha caracterizado y distinguido a Europa. Terminar por la primacía de los bancos sobre los ciudadanos, construir espacios de dialogo y participación inclusiva, y principalmente luchar contra los principales problemas de nuestra sociedad actual; el desempleo, la falta de oportunidades y la corrupción.  

 Un Parlamento Europeo, Un Presidente de la Comisión Europea

Nuestro voto al PE, como hemos mencionado, será decisivo para la designación del Presidente de la Comisión Europea. Esa posibilidad, que le otorga mayor legitimidad al proceso democrático institucional de la UE, se alcanzó gracias a la entrada en vigor, el 1 de diciembre de 2009, del Tratado de Lisboa que en su artículo 9D párrafo 7 Título III sobre las Instituciones estipula: “Teniendo en cuenta el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo y tras mantener las consultas apropiadas, el Consejo Europeo propondrá al Parlamento Europeo, por mayoría cualificada, un candidato al cargo de Presidente de la Comisión”. La designación del Presidente se alcanzará con la mayoría de los votos de los miembros del Parlamento. Esto significa que el Presidente de la Comisión será elegido por la mayoría de los miembros del PE, a propuesta como siempre del Consejo Europeo, pero teniendo en cuenta el resultado de las Elecciones Europeas. Así se establece un vínculo directo entre el ciudadano (que elige al PE) y la estructura institucional (Comisión Europea).

Aquí es importante resaltar la importancia de esta novedad, el PE carece de iniciativa legislativa, es decir, no puede proponer proyectos de ley, ya que dicha capacidad recae directamente en la Comisión Europea. El PE puede solicitar o recomendar a la Comisión la presentación de un anteproyecto, pero al final y con total independencia nacional, es este órgano quien considera proyectos de acuerdo a la problemática coyuntural, capacidad competencial, impacto y por supuesto, bajo estricto respeto al principio de subsidiariedad (que regule cuestiones bajo competencia de la UE y no nacionales).

Otra novedad trascendental de este nuevo proceso será la designación de candidatos comunes en todas las familias políticas europeas. En el caso del PSE, se ha elegido al actual Presidente del Parlamento Europeo y con amplia experiencia en la UE, Martin Schulz. En este sentido, nuestra campaña supondría una vertiente interesante, los ciudadanos europeos votaremos a nuestros candidatos en lista nacionales pero indirectamente votamos también por nuestro candidato común a la Presidencia de la Comisión.

TU VOTO CUENTA

Un Presidente socialista en la Comisión supone romper el actual modelo neoliberal impuesto por los conservadores, gracias al poder de independencia de la Comisión, las políticas y proyectos estarían encaminados a la justicia social, el Estado de Bienestar, la equidad, la creación de empleo y el respeto a nuestros derechos. Estas proyecciones aprobadas por un PE con mayoría socialista nos encaminarían a una verdadera Europa social y justa.

Para alcanzar la Europa que queremos, debemos hacer un ejercicio de reflexión pero sobre todo de implicación. Nuestra sociedad ha estado bajo políticas económicas asfixiantes impuestas por gobiernos conservadores que dan mayor importancia a los bancos y a la empresa privada que a los ciudadanos. Está en nuestras manos acabar con este ciclo, y para hacerlo basta nuestro voto. Las elecciones europeas representan la oportunidad de darle la cara que deseamos al proyecto europeo, lo que indiscutiblemente repercutirá el sentido de las políticas nacionales. El 25 de mayo tenemos la oportunidad de manifestar nuestro descontento a través de la votación, ejerciendo nuestro derecho a tener voz, a que nadie decida por nosotros.

Europa Importa, tu voto importa.

Naxalli Lozano Hernandez
Licenciada en Relaciones Internacionales, 
Máster en Estudios de la Unión Europea y Miembro de Foro Ético 
Este artículo es responsabilidad y opinión de su firmante. Los comentarios, vertidos por las personas visitantes, son responsabilidad de las mismas.

lunes, 17 de febrero de 2014

Desde mis 74 años

Desde mis 74 años esta realidad política española e incluso europea me remonta a la de mi niñez. El silencio de opinión era la clave. La norma diaria subsistir y callar. 

Cuando a los 20 años como economista oí al profesor Sampedro hablar del alto índice de analfabetismo en España respondí dando clases a adultos en Andalucía desde el SEU (Sindicato Español Universitario). Era la única respuesta aceptable como ciudadana. Y allá fui con dos compañeros, cerca de las minas de Riotinto, cuyos intentos de huelga silenciaba la Prensa, cuando Fraga Iribarne visitaba las minas y no pasaba de dos de sus seis plantas, volviendo a Madrid tan desinformado como había salido.
Ocho años pasé en Cataluña recién casada, y puedo reconocer que mi rechazo a su “llingüa materna”, trabajando en Sindicatos de Tarrasa, era mi educación nacionalista del centro que nos concienciaba: “hábleme en cristiano”, resonaba en mi memoria lejana. 
Superados los 30, por suerte o fatalidad histórica, he vivido la entrada nacional a la social -democracia. “¿Por qué tienes miedo a los guardias, si son amigos?”, preguntaba extrañado un sobrino mío a su madre, que valoraba en esta pregunta el estupendo cambio social y ciudadano. Qué triste ahora, tener que procurar que nuestros hijos o nietos eviten que los guardias les apaleen o aprisionen en una manifestación. Yo ya sé cuidarme, he escuchado de joven a un compañero cómo acabó en la cárcel cuando subido en un árbol el policía le esperó a que agotado acabara deslizándose hasta el suelo, donde le recogió para llevarlo a chirona. 

Desde mis 40 años soy psicóloga, y entiendo que la globalización ha descoordinado y cambiado el proceso evolutivo del mundo...para bien y para mal. Que la realidad política humana marcha en el tiempo como van los carros, siempre dando las mismas vueltas a los mismos intentos, para ir entendiendo dónde está lo acertado, en sucesivos actos diferentes de ensayo y error…repitiendo pero avanzando a través de los años y la Historia en insistentes vueltas a diferentes ciclos: "libertad demócrata-autoritarismo insultante"…una y otra vez.
Sé que la actual sociedad “avanzada” gira en un nuevo intento por gobernar de forma autoritaria. Está asustada de ver el despertar global de pueblos antes ignorantes, hoy conectados directamente al móvil y la informática, percibiendo las enormes diferencias entre ricos y pobres…que los ricos acrecientan, amurallándose aterrados ante la avalancha de los ignorantes. 
La Unión Europea se creó con la esperanza y el sueño de acabar con las continuas y seculares guerras, buscando compartir tierra, trabajo y capital…Como decía John Lennon, la vida es aquello que va ocurriendo mientras uno proyecta lo contrario: la vida es cambio. ¿Quién se iba a esperar esto? ¿Repartir la tarta ante tantos hambrientos e inesperados invitados?
En Mayo las elecciones europeas serán decisivas para cómo desarrollar el nuevo proyecto de convivencia. Para España son vitales de cara a nuestro próximo Gobierno Nacional. Nos jugamos en Europa hacer posible un positivo rumbo, las viejas ruedas de nuestro carro político se moverán hacia la igualdad demócrata o el autoritarismo inhumano. Si hay mayoría progresista, y sale Schultz como Presidente de la Comisión, puede haber en Europa un cambio progresista importante. 

Desde mis 74 años revivo mi adolescente y joven impotencia: “vamos a votar sí”, oí decir sin cuestionarse nada a una joven sumisa de entonces, por los años 60. Ahora, como en mi juventud, percibo absolutamente inerme la dificultad de elegir e influir en quiénes van a representarnos desde España en las elecciones europeas próximas. ¿Cómo hemos llegado a esto?.
Temo que en el mejor de los casos los representantes idóneos no elegidos por mí salgan ya inermes, aplastados por el capitalismo y la desigualdad a ultranza. Como en mi adolescencia percibo toda la injusticia social que me rodea y la dificultad de intervenir para remediarlo.
Sé que no votaré como española al socialismo si previamente no veo en mi partido insistencia en promover cambios en la Ley Electoral. No diré nada y  asocio en mi mente este impulso a la imagen de  Celia Villalobos ante la reforma por la Ley del Aborto.
Como en mi juventud el silencio y la sobrevivencia personal pueden ser mis odiosos móviles para la supervivencia.

Isabel Cabetas Hernández
Economista y Psicóloga
Miembro de ForoÉtico

viernes, 14 de febrero de 2014

DESTRUCCION CREATIVA Y AUTONOMÍA SINDICAL.


Podría pensarse que la respuesta al artículo de González Muntadas (Enterrar la vieja empresa y renovar el sindicalismo) en Tribuna realizada por López Romito (Destrucción creativa y sindicalismo amarillo) respondiera a estrategias sindicales muy distintas en función de la procedencia de ambos; Quim González ha sido hasta hace poco responsable de la federación de químicas de CCOO y López Romito ha sido asesor de UGT, pero claro está, eso sería demasiado simple.
Y digo por qué. Si algo caracteriza al sindicalismo mayoritario español de los últimos veintitantos años es su  sólida unidad de acción. A ambos sindicatos les caracteriza una búsqueda constante del pacto y el acuerdo con patronal y gobiernos. Nada comporta mayor desasosiego en los órganos de dirección que la falta de acuerdo y pacto.
Descartada la disparidad en función de sus orígenes o de práctica sindical a la que podríamos apelar, atendamos a lo sustancial de la discrepancia. La crítica se fundamenta en una hipotética entrega de un sindicalismo atado de pies y manos al empresario innovador y moderno. Por el contrario, parece que lo que anima al crítico sería una propuesta, defensora de las esencias, que va más allá, aunque él no lo perciba así, de lo que ha sido práctica diaria del sindicalismo institucionalizado de nuestro país. ¿Existe la empresa humana y abierta? ¿Existe aunque solo sea una, este tipo de empresa? Y si eso fuera así, ¿Qué tipo de sindicalismo habría que realizar allí? En eso se basa el discurso de González Muntadas que defiende una acomodación pactada en el marco de la nueva empresa, y frente “…un mercado de trabajo y condiciones contractuales hecho a la medida de la vieja empresa”. Hasta ahí llega González Muntadas, el mío, va algo más allá y atiende a los problemas estructurales del sindicalismo institucional español.
Dos aspectos señalo como argumentos básicos en la crítica que formula: La primera, el presunto fracaso de la teoría de “destrucción creativa” dado que quien la formuló, Schumpeter, “dejó de creer en ella”. La segunda, una traslación, vía retorcimiento del argumento principal, de que un sindicalismo de acuerdo, de negociación y de construcción en el ámbito de las empresas innovadoras y  modernas, derivaría necesariamente en amarillismo, “… es curioso venir a hacer la apología del sindicalismo amarillo a estas alturas de la historia”
Atribuir a la “destrucción creativa”, teorizada por Schumpeter, exclusivamente la “obtención de ganancias” y  la “generación de plusvalías” y no reconocer el carácter de innovación que beneficia el avance de las sociedades es desconocer la base sobre la que asienta la riqueza de las naciones. Negar el papel que juega el auténtico empresario innovador, el de aquel que tiene la idea, del que acomete una tarea, moviliza recursos y empeña su patrimonio en el crecimiento económico y desarrollo de las sociedades e incluso, en algunos casos, de la humanidad es absurda.
No cabe adjudicar ese papel sumamente innovador a lo singular y a lo extraordinario tal como parece indicar López Romito. Hay otros muchos Jobs, Gates, Zuckerberg que promociona la destrucción creativa. Entonces, ¿cuál es el problema de fondo? La respuesta la da Acemoglu y Robinsón en su conocida obra “Por qué fracasan los países” cuando nos dice que “… Las empresas nuevas quitan negocio a las ya establecidas. Las nuevas tecnologías hacen que las habilidades y las máquinas existentes queden obsoletas. El proceso de crecimiento y las instituciones inclusivas en las que se basan crean perdedores y ganadores en el escenario político y en el mercado económico. A menudo, el temor a la destrucción creativa tiene su origen en la oposición a instituciones políticas y económicas inclusivas.
Por lo tanto, el mercado es un magma, una masa en  continuo movimiento, sometido a fuerzas y tendencias. Las empresas se ven obligadas a rediseñarse o reinventarse continuamente, es lo que Drucker llamó la “Era de la Discontinuidad”. Unas sobreviven y otras perecen. Es ese modelo de cambio continuo en la creación y destrucción de empresas, de líneas de productos, de acomodación al mercado en el que debe de moverse necesariamente los sindicatos, y ese es el ámbito en el que han de dar respuestas en defensa de los trabajadores.
Negar el papel fundamental que la destrucción creativa tiene para el crecimiento económico es negar algo que forma parte del abc del crecimiento económico tal como ha puesto de relieve múltiples investigaciones académicas en la literatura económica. ¿Concibe alguien hoy día a los curtidores, teñidores, fabricantes de rueda de carro,  de aperos clásicos de labranza como profesiones, productos y modos de producción validos para crecer? Las empresas, las líneas de productos, la demanda de los consumidores es algo cambiante y eso es un algo innegable. La destrucción creativa es algo que está al margen de ideología. Por qué innova el empresario, dueño o consejo de administración. Por supuesto, para obtener ganancias. ¿Habría innovación si no hubiese la promesa o posibilidad de obtener beneficio? Reivindicar a estas alturas la planificación central y la innovación a base de planes quinquenales no existe, siquiera, en Corea del Norte.
Por lo tanto, aceptar la destrucción creativa como un componente esencial en el progreso nada tiene que ver con ser más o menos de izquierda y mucho menos, con el que no se pueda dar una respuesta sindical o, en un entorno de mutuo acuerdo, una colaboración en la consecución de objetivos que a ambas partes puede beneficiar. Por hacer eso no se es amarillo.
El dilema no está en la aceptación o no de la empresa capitalista. La empresa capitalista es la que existe ahora, aquí, y en este momento y son los riesgos que conlleva para una vida digna de los que en ellas trabajan los que deben de afrontarse utilizando, cuando el desacuerdo existe, los medios que las organizaciones de los trabajadores han tenido tradicionalmente a mano, aparte de otros muchos que podrían ser utilizados, porque si algo caracteriza al movimiento sindical, es el estancamiento y la falta de innovación en sus estructuras y métodos.
Para no abrumar y no extenderme en exceso voy a tocar el segundo aspecto que López Romito señala en su artículo. Más que aspecto, es toda una acusación de fomento del amarillismo.
¿Por qué a aquello que existe a nivel macro se le niega la existencia a nivel micro? Concretando. Por qué no es amarillo firmar limitaciones a las pensiones, subida de la edad de jubilación, establecer políticas de moderación salarial, cláusulas de revisión por debajo de IPC, etc.  En suma, las prácticas colaborativas con la patronal y los gobiernos. Y sí puede ser amarillo el que un delegado, comité o sección sindical pacte con su empresa, previo conocimiento y asentimiento de los implicados, una estrategia común de implantación, crecimiento y condiciones de trabajo en función de un determinado objetivo compartido. ¿Debe de ser el trabajador un elemento neutro en aquello que pueda consolidar la empresa donde trabaja si obtiene una justa compensación en condiciones, salario e incluso, cogestión? ¿Hasta dónde puede llegar la competencia de los afectados y hasta donde llega la capacidad normativa del pacto realizado por “arriba”? ¿No puede haber un marco transitable para una nueva empresa, para unos nuevos empresarios y para un nuevo modo de ejercer el sindicalismo? ¿Algo que remedie la paupérrima situación actual del sindicalismo con cientos de miles de trabajadores, con alta cualificación en su mayor parte, que pactan individualmente y que nada quieren saber del sindicalismo abusivamente institucionalizado?

En esa oposición laten dos posibles razones. La primera, una descentralización de la negociación colectiva – otra cosa no es – que perjudicaría notablemente a las estructuras tradicionales de los sindicatos, a sus burocracias federales y confederales. Las deja sin efecto o, con un efecto bastante mitigado en el discurrir de la interlocución sindical. El pacto y el acuerdo ya no se “impone” desde arriba. La segunda, ello supondría dar carta de naturaleza a las asambleas de trabajadores de centro o de sección sindical, las alejaría de ese tutelaje que ejercen las estructuras federativas.
La democracia española ha estado basada en la tutela que los partidos han ejercido sobre el ciudadano político, sobre el votante y también, sobre la que han ejercido las burocracias sindicales sobre el ciudadano trabajador. Es ese paternalismo y dirección desde “arriba” el que está siendo puesto en cuestión con el alejamiento constante del ciudadano político y económico tanto de los partidos como de los sindicatos.
¿Son las instituciones españolas instituciones inclusivas? Esa es la cuestión a la que debemos de contestar si queremos una democracia sana. Es criterio extendido que Constitución, Jefatura del Estado, partidos, poder judicial y otras tantas instituciones más deben de ser reformadas para bien de nuestra sociedad. Introducir a los sindicatos en ese paquete general de reformas para hacerlos más inclusivos es también esencial para nuestra salud democrática.
Es cierto, el capitalismo está tocado, pero desde que lo dijo Schumpeter han pasado ya más de setenta y cinco años y el muerto que vos matasteis sigue, lamentablemente,  alimentando el bolsillo de los mismos. ¿Mientras tanto, qué?. Pienso, que los sindicatos han de reformularse para acometer nuevas tareas, sin olvidar su razón de ser, que demanda un entorno sumamente cambiante. También ha llegado la hora de flexibilizar sus estructuras y hacerlas más dinámicas y autónomas de un poder central que en algunos casos se ha constituido como un fin en sí mismo.


Miguel Álvarez García. 
Sindicalista desde 1970 en Telefónica. Ha tenido responsabilidades en el Sector de Comunicaciones y la Federación de Transportes y Comunicaciones de la UGT y en la Unión de Trabajadores de Castilla y León. En la actualidad se encuentra jubilado.


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